MARIO MATA CARRANZA DVM, DEV, MSC, MBA.
Performance Solutions Manager, North Latam, dsm-firmenich.
Las micotoxinas son metabolitos producidos por hongos que contaminan materias primas y alimentos terminados para animales, las aves no son la excepción. Su presencia es casi una constante y la contaminación de varias micotoxinas a la vez es frecuente, lo que agrava los posibles efectos sobre la salud y el rendimiento de las aves. En la actualidad los mayores retos se deben a fumonisinas, tricotecenos B (DON) y zearalenona. Estas requieren intervenciones específicas para atacar el riesgo que conlleva su presencia en el alimento terminado. Nuevas estrategias como la biotransformación de las micotoxinas y un abordaje de apoyo a la salud intestinal e inmunitaria son necesarias, además de la típica adsorción que es clave para otras micotoxinas polares (aflatoxina).
Las micotoxinas son uno de los desafíos sanitarios y productivos más relevantes en la avicultura moderna. Su presencia es alta, variable y múltiple, lo que obliga a adoptar estrategias de control basadas en monitoreo constante, evaluación de riesgo y uso de tecnologías capaces de neutralizar diferentes tipos de toxinas simultáneamente (Global Mycotoxin Survey, 2025, Xu et al, 2022).
¿Qué son las micotoxinas? Son metabolitos secundarios producidos por hongos de los géneros Fusarium, Aspergillus y Penicillium, que pueden contaminar granos y materias primas tanto en campo como durante almacenamiento. Factores como temperatura, humedad, estrés hídrico y daño mecánico del grano favorecen su producción (Bennett y Klich, 2003).
En sistemas avícolas intensivos, donde el rendimiento depende de una nutrición precisa, incluso niveles moderados de micotoxinas pueden afectar consumo, inmunidad, conversión alimenticia, desuniformidad y respuesta a vacunas, lo que genera pérdidas económicas difíciles de cuantificar (Andreta et al 2012).
Los datos más recientes de la Encuesta Mundial de Micotoxinas 2025 de dsm-firmenich, muestran que la contaminación por micotoxinas es un problema generalizado, con alta prevalencia en América Latina, particularmente en México y Centroamérica, con alta prevalencia de micotoxinas y con un nivel de co-contaminación del 83%. En la Tabla 1 se resumen la prevalencia de las principales micotoxinas en la región (Global Mycotoxin Survey, 2025).
Este patrón coincide con el uso predominante de maíz en la alimentación animal, ya que este cereal es especialmente susceptible a contaminación por Fusarium, productor de fumonisinas y tricotecenos.
En alimentos balanceados terminados se observa, además, una alta frecuencia de co-contaminación, donde una misma muestra contiene más de una micotoxina, lo que aumenta el riesgo biológico incluso cuando cada toxina está por debajo de su límite individual (Global Mycotoxin Survey, 2025).
En condiciones de campo, las micotoxinas rara vez se presentan de forma aislada, sino que suelen encontrarse varias toxinas simultáneamente en el alimento, lo que da lugar a interacciones biológicas que pueden ser aditivas o sinérgicas.
Debido a esta co-contaminación frecuente, niveles considerados moderados de micotoxinas pueden provocar pérdidas productivas significativas, lo que explica por qué el riesgo real en condiciones comerciales suele ser mayor que el estimado, al evaluar cada toxina por separado (Grenier y Oswald, 2011).
Los resultados de monitoreo en México y Centroamérica muestran que las micotoxinas más prevalentes en materias primas y alimentos balanceados son las fumonisinas, los tricotecenos tipo B (principalmente DON) y la zearalenona, todas ellas producidas principalmente por especies del género Fusarium. Estas micotoxinas tienden a aparecer simultáneamente, lo que incrementa el riesgo de efectos combinados sobre el rendimiento y la salud intestinal de las aves.
A continuación, un resumen de sus efectos:
En condiciones de campo, estas micotoxinas rara vez se presentan de manera aislada.
La co-contaminación con FUM, DON, ZEN y otras toxinas emergentes es frecuente, y las interacciones entre ellas pueden producir efectos aditivos o sinérgicos, lo que aumenta la severidad del daño más allá de lo esperado para cada toxina individual. Esta interacción puede intensificar la inflamación intestinal, comprometer la función hepática, renal, alterar la microbiota y reducir la capacidad del sistema inmune para responder a desafíos sanitarios y vacunales.
Además de las micotoxinas tradicionalmente monitoreadas, en los últimos años ha cobrado importancia la detección de micotoxinas enmascaradas y micotoxinas emergentes, las cuales pueden estar presentes en el alimento sin ser identificadas por los métodos analíticos convencionales.
Como consecuencia, el impacto productivo real en sistemas avícolas es mayor que cuando se evalúan las micotoxinas por separado, lo que hace necesario un enfoque de control capaz de actuar frente a múltiples toxinas simultáneamente. Así se explica por qué en el campo se observan problemas productivos, aun cuando los niveles de micotoxinas pueden parecer bajos.
Tradicionalmente, el control de micotoxinas fue basado únicamente en adsorbentes; minerales capaces de fijar toxinas polares como las aflatoxinas. Sin embargo, este enfoque es insuficiente frente a los desafíos actuales, por diversos motivos:
Por esta razón, el gerenciamiento moderno debe incluir múltiples mecanismos:
Entre estos, la biotransformación ha cobrado especial importancia.
La biotransformación consiste en el uso de enzimas o microorganismos capaces de convertir micotoxinas en metabolitos no tóxicos.
Este enfoque es especialmente relevante para:
A diferencia de la adsorción, la biotransformación:
En condiciones de alta prevalencia como las observadas en nuestra región, el uso de tecnologías con capacidad de biotransformación se vuelve fundamental para mantener el rendimiento productivo.
Las micotoxinas son un desafío constante para la avicultura, en los últimos años nuestra región destaca una alta prevalencia de fumonisinas, tricotecenos B (DON) y zearalenona según los datos más recientes de monitoreo global (Global Mycotoxin Survey, 2025). La presencia simultánea de múltiples micotoxinas, junto con metabolitos emergentes y formas enmascaradas, limita la eficacia de estrategias basadas únicamente en adsorción. El gerenciamiento moderno requiere un enfoque integral que combine:
• Monitoreo.
• Evaluación de riesgo.
• Adsorción selectiva.
• Biotransformación.
• Protección fisiológica del animal.
En este contexto, el uso de tecnologías capaces de degradar micotoxinas difíciles como fumonisinas, tricotecenos B (DON) y zearolenona, adsorber micotoxinas polares como aflatoxinas y entregar protección hepática, intestinal e inmune, representa una herramienta clave para mantener el rendimiento, la salud y la eficiencia productiva en sistemas avícolas de alta exigencia.
• Andretta I. et al. (2012). Meta-analysis of productive and nutritional interactions of mycotoxins in broilers. Poultry Science, 91(10): 2461–2469.
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• Antonissen G et al. (2014). The Impact of Fusarium Mycotoxins on Human and Animal Host Susceptibility to Infectious Diseases. Toxins, 6(2): 430-542.
• Bennett J.W. y Klich M. (2003). Mycotoxins. Clinical Microbiology Reviews, 16(3): 497–516.
• Grenier B. y Oswald I.P. (2011). Mycotoxin co-contamination of food and feed: meta-analysis of publications describing toxicological interactions. Toxins, 3(4): 285-313.
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• Xu, R. et al (2022). Nutritional impact of mycotoxins in food animal production and strategies for mitigation. Journal of Animal Science and Biotechnology, 13:69.
22 mayo 2026