Las vitaminas desempeñan un rol fundamental en la nutrición humana y animal. Uno de los objetivos de la nutrición animal es garantizar un aporte óptimo de vitaminas. No se trata solamente de evitar la deficiencia vitamínica, sino de asegurar el suministro adecuado de vitaminas para lograr una producción saludable y sostenible, con alto desempeño animal.
En dicho contexto, la importancia del aporte óptimo de vitamina D ha cobrado enorme relevancia en la producción porcina.
La síntesis de vitamina D3 en la piel de los animales solamente ocurre bajo los efectos de la radiación UV-B en el rango de aproximadamente 290 a 315 nm (Holick et al. 2007). Con todo, en los modernos sistemas de estabulación, los cerdos suelen tener poco o ningún acceso directo a la luz solar, por lo cual, su piel prácticamente no produce vitamina D3. Por ese motivo, el alimento balanceado para esos animales recibe suplementos de vitamina D. En la UE, el límite máximo previsto por ley para uso en los alimentos balanceados para cerdos es de 2000 UI de vitamina D3 o una cantidad equivalente de 50 µg del metabolito de la vitamina D3, denominado 25-hidroxivitamina D3 (25-OH-D3), obtenido a partir de Saccharomyces cerevisiae y autorizado por la EFSA como fuente alternativa de vitamina D. Dicho límite máximo se aplica independientemente de si se utiliza la vitamina D3 o su metabolito, el 25-OH-D3 (Hy-D®). Si se combinan ambas fuentes de vitamina D, la suma no debe superar la cantidad máxima total de 2000 UI (conversión: 1 µg = 40 UI) (REGLAMENTO DE APLICACIÓN DE LA UE 2024/1070). El mismo valor máximo de suplementación de vitamina D3 para cerdos fue establecido hace más de 50 años en el Diario Oficial de la CEE (Comunidad Económica Europea) del 23 de noviembre de 1970 (70/524/EEC). En aquel momento, el Índice de Conversión Alimentaria (CA) para cerdos de engorde aún era de 3:1, y la relación músculo:grasa era de 1:0,79. (Steffen et al. 1970). Actualmente, se trabaja con una CA de 2,44:1 (LWK Baja Sajonia) y una relación músculo:grasa de 1:0,37 (Agencia Federal de Agricultura y Alimentación). Cuando los cerdos modernos alcanzan los 110 kg, ya se ha reducido en al menos 50 kg el volumen de alimento balanceado que los animales consumían hace 56 años. Por consiguiente, los cerdos modernos también absorben menos vitaminas, incluida la vitamina D3. Al mismo tiempo, su porcentaje de grasa corporal también es más bajo, lo cual significa que hay menos grasa disponible para almacenar la vitamina D.
Al formular el alimento balanceado para cerdos, el marco legal ya suele estar al límite debido al aumento en los niveles de desempeño. Además, diversos estudios realizados en los últimos diez años demuestran que la vitamina D3 influye mucho más allá de la homeostasis del calcio. Las vitaminas juegan un rol fundamental en la modulación de la inmunidad innata y adaptativa, y pueden desempeñar un efecto positivo en el crecimiento muscular (Hasan et al. 2023). Los efectos positivos de la vitamina D3 sobre las funciones fisiológicas dependen fundamentalmente de la concentración de 25-OH-D3 en la sangre. Este metabolito de la vitamina D3 se genera fisiológicamente en el hígado a partir de dicha vitamina. Es la forma circulante predominante, y también la forma de almacenamiento de la vitamina D3 en el organismo. Dada su buena correlación con la ingesta de vitamina D3 y su larga vida media (10 a 21 días; Flohr et al., 2014), el 25-OH-D3 se suele utilizar como una medida del status de vitamina D (Lütke-Dörhoff et al. 2022). Según sea necesario, el 25-OH-D3 se convierte en la hormona 1,25-(OH) 2-D3, principalmente en los riñones y también en otros tejidos. Esta hormona es metabólicamente activa y está estrictamente controlada y regulada a través de un circuito de regulación hormonal (Dusso et al., 2005).
El asunto referente al nivel necesario de 25-OH-D3 ya surge en la etapa del destete. En 2014, Weber et al. investigaron los niveles de vitamina D en cerdas suplementadas con 2000 UI de vitamina D3 o 50 µg de 25-OH-D3. Determinaron también el contenido de 25-OH-D3 en la sangre de la progenie de dichas cerdas. Los lechones se alimentaron solamente con el calostro y la leche de las cerdas y, hasta el momento del destete, solo fue posible detectar una baja concentración de 25-OH-D3 en la sangre (Figura 1).
En dicho contexto, también se discute la opción de suplementar la dieta de los lechones con una fuente adicional de vitamina D en el corral de parto para prevenir así síntomas de deficiencia. En un estudio reciente de 2023, Madsen et al. abordan esta idea y demuestran que, incluso cuando se alcanzan los límites máximos autorizados por ley, no necesariamente se garantizan los niveles óptimos de aporte vitamínico. Dicho estudio también indicó que los lechones solamente absorben cantidades muy pequeñas de vitamina D3 a través del calostro y la leche.
La suplementación con 25-OH-D3 durante la lactancia generó niveles plasmáticos más altos de 25-OH-D3 al destete en el grupo experimental, en comparación con el suministro convencional de vitamina D3. En un desafío experimental posterior de ambos grupos con E. coli, el nivel de 25-OH-D3 en el grupo experimental se redujo menos abruptamente (-35,4% vs. -40,3%). Los autores sugieren que los niveles más altos de vitamina D en el grupo suplementado con 25-OH-D3 podrían favorecer una mayor resiliencia inmunitaria o una mayor capacidad para combatir la infección por E. coli. Estos resultados concuerdan con lo demostrado por Konowalchuk et al. (2013). Este último estudio demostró que la suplementación adicional de 50 µg/kg de 25-OH-D3, junto con el aporte básico de 1500 UI de vitamina D3 en el alimento balanceado, generó un aumento más pronunciado en el recuento de leucocitos que lo observado en el grupo que recibió la misma cantidad de vitamina D3 (2000 UI) adicional. Actualmente, el objetivo de los investigadores es determinar cuál debe ser el valor de referencia para los lechones en la etapa post destete.
Uno de los motivos por los cuales no hay mucha información sobre cuál es el nivel adecuado o el nivel insuficiente de vitamina D es que, en la práctica, el nivel plasmático de 25-OH-D3 difícilmente se mide. Por ese motivo, dsm-firmenich ha analizado los estudios (las referencias están disponibles a solicitud) de los últimos 25 años sobre el suministro de vitamina D, con el objetivo de establecer las recomendaciones (Tabla 1) para el aporte de vitamina D en cerdos de engorde y cerdas reproductoras (Wiemann et al. 2024).
Gracias a un nuevo método para determinar el estatus de vitamina D, es posible evaluar los niveles de dicha vitamina en una gran cantidad de cerdos de engorde. El método consiste en fijar unas gotas de sangre entera extraídas de la vena de la oreja de los animales en ‘tarjetas de gota seca’ (dried blood spot – DBS) para posterior análisis. Esto sirvió de base para un gran estudio europeo en el cual se tomaron muestras de un total de 1512 cerdos de engorde provenientes de 112 granjas, en 16 países europeos. Al mismo tiempo, se consideraron las fuentes de la vitamina D utilizada en el alimento balanceado (D3 o 25-OH-D3) y el nivel real de suplementación. Los resultados indicaron diferencias claras entre los diversos países y sistemas de alimentación. La mayoría de los animales presentaba valores inferiores al rango deseable del punto de vista fisiológico (Tabla 1).
Tabla 1: Rango recomendado de niveles de 25-OH-D3 en el plasma sanguíneo de cerdos de engorde y cerdas reproductoras y sus efectos sobre el metabolismo y los parámetros de desempeño.
Contenido de 25-0H-D3 en plasma sanguíneo ng/ml | Estatus | Efectos |
>60 | Óptimo |
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| 30 - 60 | Subóptimo |
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| 20 - 29 | Insuficiente |
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| <20 | Deficiente |
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El nivel medio de 25-OH-D3 era de 27,3 ng/ml, con valores medianos de 24,8 ng/ml (Figura 2).
Más de dos tercios de los animales presentaban un nivel insuficiente o una clara deficiencia. Solo una pequeña proporción alcanzó los niveles asociados a un metabolismo y sistema inmunitario óptimos. Se observó que los animales suplementados exclusivamente con vitamina D3 presentaban, en su mayoría, concentraciones insuficientes o deficientes de 25-OH-D3, al tiempo que los animales que recibieron dietas suplementadas con 25-OH-D3 alcanzaron niveles sanguíneos significativamente más altos. Además, se observaron diferencias importantes en el estatus de vitamina D entre los países participantes en el estudio. Los datos disponibles indican que una gran parte de la población porcina en Europa presenta niveles insuficientes o deficientes de vitamina D. La mejora en el suministro, especialmente mediante el uso de 25-OH-D3 en la dieta, puede contribuir a mejorar el estatus de vitamina D, a largo plazo. Por consiguiente, los programas de alimentación basados en criterios fisiológicos se han convertido en el principal foco de la porcicultura moderna.
El presente artículo fue publicado en la revista Feed Magazine – Kraftfutter, número 3–4/2026.
18 junio 2026