Autor: Henrique de Fries, Técnico de Cerdos para South LATAM
Colaboración: Caroline Souza, Marketing y Comunicación LATAM
La barrera intestinal de los cerdos es muy sensible en la etapa posdestete, un periodo en que las alteraciones fisiológicas y ambientales impulsan la inflamación, la disbiosis y una mayor permeabilidad de las mucosas.
La integridad intestinal depende del equilibrio de la interacción entre la mucosa, la microbiota y la inmunidad que, en conjunto, definen la capacidad del animal de responder a los retos sanitarios con un menor impacto sobre las pérdidas funcionales.
La combinación de estrategias de nutrición y manejo fortalece dicha barrera, al integrar los ajustes de proteínas, fibras, ácidos orgánicos, agentes fitogénicos y antioxidantes, además de las prácticas que reducen el estrés y estabilizan el ambiente entérico.
La barrera intestinal constituye una línea de defensa fundamental de los cerdos contra los microorganismos, las toxinas, los agentes de estrés ambiental y las dietas que también pueden presentar diversos retos. Cuando se compromete dicha barrera, se abre la puerta a: inflamaciones, diarreas, reducción del desempeño, mayor uso de medicamentos y todas las consiguientes pérdidas económicas.
En un contexto que incluye el uso prudente de antimicrobianos y una creciente búsqueda de eficiencia, el fortalecimiento de la barrera intestinal surge como una prioridad estratégica. Afortunadamente, la ciencia ha avanzado en la comprensión de los mecanismos que regulan la integridad de la mucosa, la microbiota, la inmunidad local y la permeabilidad intestinal. En el presente artículo, se resumen algunas de las estrategias que colaboran a la protección y el favorecimiento de la salud intestinal de los cerdos.
La vulnerabilidad de la barrera intestinal proviene de la combinación entre la inmadurez fisiológica, una fuerte presión microbiana y múltiples otros factores de estrés inherentes al sistema de producción. En la etapa posdestete de los cerdos, se debe considerar la dificultad de mantener el pH gástrico bajo, la reducción en la altura de las vellosidades y la menor expresión de las proteínas de unión, como ZO‑1, ocludina y claudinas que pueden dejar el epitelio más permeable, lo cual, a su vez, facilita el pasaje de toxinas y microorganismos oportunistas.
En ese momento, la microbiota también sufre una profunda reorganización. Los grupos considerados más beneficiosos, como los lactobacilos, dan lugar a las Enterobacteriaceae. Entre ellas se destaca la E. coli con sus diversos factores de virulencia, así como otros agentes que pueden ser nocivos en ambientes inestables. Paralelamente, los factores ambientales, como el calor, la sobrecarga animal y las oscilaciones de la dieta reducen el flujo sanguíneo intestinal e intensifican el estrés oxidativo, lo cual también agrava la inflamación de la mucosa.
Las micotoxinas, como los tricotecenos y las fumonisinas, potencian dicho cuadro al promover la atrofia de las vellosidades y las alteraciones de permeabilidad. A su vez, las dietas con alto contenido proteico o exceso de partículas finas aumentan la fermentación proteica, el pH luminal y la proliferación de patógenos. Como resultado, el sistema entérico sufre presiones simultáneas de los retos nutricionales, ambientales e inmunitarios. Todo ello explica el motivo por el cual la etapa posdestete se señala como un momento de gran fragilidad de la barrera intestinal.
La salud intestinal depende de la sinergia entre tres componentes esenciales: la estructura física de la mucosa, la microbiota y la inmunidad local. La estructura la determinan las vellosidades íntegras y las uniones estrechas (tight junctions) eficientes que evitan el pasaje de toxinas y microorganismos. Una microbiota equilibrada y rica en Lactobacillus, Ruminococcaceae, Prevotella y agentes productores de ácidos grasos de cadena corta favorece un ambiente antiinflamatorio y competitivo contra los patógenos. A su vez, el sistema inmunitario intestinal, responsable de gran parte de la inmunidad en los cerdos, debe permanecer suficientemente activo para protegerlo sin hiperestimulación, lo cual redireccionaría parte de los nutrientes hacia la defensa en vez del crecimiento del animal. El equilibrio entre todos estos elementos es fundamental y explica el motivo por el cual las estrategias nutricionales y de manejo logran modular de forma positiva la salud intestinal.
Diversos abordajes se han demostrado eficaces para la protección de la mucosa, especialmente en la etapa posdestete. La reducción del estrés inicial se puede lograr mediante el destete a una edad más avanzada, una dieta balanceada y un ambiente menos variable. Las fibras también pueden colaborar, dado que ajustan la motilidad sin causar un exceso de fermentación, al tiempo que favorecen la producción de butirato. Los ácidos orgánicos son de gran ayuda, no solo para el aumento de la digestibilidad, sino también para reducir el pH gástrico, además de controlar las bacterias Gram negativas (como E. coli y Salmonella) y otras bacterias oportunistas. El uso estratégico de esa herramienta debe tener en cuenta su cantidad total en la dieta, los diferentes pKa y la formulación. Los compuestos fitogénicos también representan una tecnología de uso consistente. Los componentes como el carvacrol, el timol y el cinamaldheído poseen efectos antioxidantes, antiinflamatorios y antimicrobianos, al tiempo que mejoran la expresión de proteínas de barrera. Las vitaminas antioxidantes (A, C, E), la vitamina D y los minerales como el zinc y el selenio también refuerzan la mucosa al reducir el estrés oxidativo y modular la respuesta inmunitaria. Combinadas, todas esas estrategias generan un ambiente intestinal más resiliente y menos susceptible a fallas.
La barrera intestinal de los cerdos sufre retos constantes de factores nutricionales, ambientales y microbianos, y su vulnerabilidad aumenta principalmente durante la etapa posdestete. La literatura indica que las intervenciones integradas que combinan el ajuste proteico, el uso de aminoácidos funcionales, el manejo adecuado de las fibras, la suplementación con ácidos orgánicos, compuestos fitogénicos y antioxidantes, ayudan a preservar la integridad de la mucosa, equilibrar la microbiota y modular la respuesta inmunitaria. Sin embargo, es importante señalar que todas esas estrategias nutricionales no reemplazan las buenas prácticas de manejo para contar con animales más resilientes. El fortalecimiento de la barrera intestinal, por lo tanto, depende de un abordaje multifactorial y basado en la ciencia para lograr reducir los riesgos sanitarios y promover un mejor desempeño de los animales a lo largo de todo el ciclo de producción.
Formado en medicina veterinaria por la UFRGS, Henrique de Fries obtuvo su maestría en producción y reproducción de cerdos en la misma universidad. Posee experiencia profesional de aproximadamente 20 años en la cadena de producción porcina, con foco en los últimos 10 años en el área de sanidad animal..
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2 abril 2026