Sostenibilidad mensurable en la cadena de proteína animal: de la ambición a la evidencia

Autor: Jose Francisco Miranda Jr - Gerente de Servicios de Precisión para la región Sur de América Latina

La sostenibilidad ya no es más solo una aspiración para el sector del agronegocio, sino que se ha convertido en un requisito específico e impuesto por el mercado, los organismos reguladores, los inversionistas y los consumidores. En un entorno cada vez más basado en datos, la pregunta clave no es más si estamos haciendo lo correcto. Lo que importa es si logramos demostrarlo de manera fiable y comparable. 

En dicho contexto, la medición de los datos ambientales con base en el Análisis de Ciclo de Vida (ACV) cobra protagonismo como la forma más sólida de convertir las metas ambientales en decisiones prácticas y verificables a lo largo de toda la cadena de valor. 

 

Por qué medir es diferente de estimar

Durante años, muchas empresas han utilizado hojas de cálculo, estimaciones genéricas o herramientas propias para atender las exigencias de sostenibilidad. Pese a su utilidad en las etapas iniciales, dichos enfoques tienden a perder eficacia a medida que aumentan la complejidad regulatoria, la necesidad de auditorías y el volumen de datos generados por los proveedores. 

La medición estructurada mediante el análisis ACV permite avanzar más allá del carbono y evaluar, de forma estandarizada y auditable, múltiples categorías de impacto ambiental como el uso de los recursos, las emisiones, la eutrofización y el uso del suelo. Todo ello se vuelve especialmente relevante en la cadena de proteína animal, en la cual el alimento balanceado, la producción agrícola, el manejo de los animales y el procesamiento están estrechamente interconectados.

 

Del campo al procesamiento: una visión integrada de la huella ambiental 

Uno de los principales retos referentes a la sostenibilidad en el sector agroindustrial es la fragmentación de los datos. Los ingredientes agrícolas, los alimentos balanceados, los sistemas de producción animal y las operaciones industriales suelen evaluarse de forma aislada, lo cual dificulta la comprensión sobre el verdadero impacto del producto final. 

Las plataformas digitales especializadas en ACV permiten conectar todas esas etapas, generando así una visión integral de la huella ambiental, desde el cultivo de los insumos hasta su procesamiento. Todo ello es esencial para:

  1. Identificar los principales “puntos críticos” ambientales de la cadena

  2. Comparar escenarios de producción basados en datos reales

  3. Evaluar el impacto de los cambios en la formulación, el manejo o la fuente de los insumos

  4. Respaldar las estrategias de reducción de las emisiones y la eficiencia operativa. 

 

Estandarización y credibilidad: el rol de las certificaciones  

A medida que la sostenibilidad se afianza como un criterio de mercado, también aumenta la demanda de estandarización metodológica. Iniciativas como la nueva norma de ACV para alimentos balanceados del sistema GMP+ (MI5.7) representan un importante avance en esa dirección, dado que armonizan los criterios de cálculo y la verificación en miles de fábricas de alimentos balanceados, en todo el mundo. 

La adopción de plataformas reconocidas y alineadas con las normas internacionales, como ISO 14040/44, ISO 14067, EU PEF y el Protocolo de GEI, refuerza la credibilidad de los resultados y disminuye el riesgo de ‘greenwashing’, además de facilitar las auditorías, los informes regulatorios y la comunicación con las partes interesadas. 

 

La sostenibilidad como activo estratégico  

Cuando la medición ambiental se basa en datos primarios, metodologías reconocidas y procesos auditables, deja de ser un mero ejercicio de cumplimiento normativo y se convierte en un activo estratégico capaz de: 

  1. Respaldar las decisiones de inversión e innovación

  2. Fortalecer el posicionamiento en el mercado

  3. Satisfacer los requisitos de clientes y minoristas globales

  4. Facilitar la financiación y las iniciativas referentes al valor del carbono

  5. Preparar a las empresas para la CSRD, el Alcance 3 y futuras regulaciones.

Más que medir los impactos, se trata de convertir las cifras en acciones, de forma clara, consistente y a gran escala. 

 

El futuro pertenece a quienes logren presentar pruebas. 

En un mundo repleto de promesas de sostenibilidad, se destacarán las organizaciones que sean capaces de demostrar resultados reales, de manera continua y comparable. La sostenibilidad del futuro no se forjará solamente con buenas intenciones, sino con evidencias. 

Medir, comprender y actuar sobre la huella ambiental ha dejado de ser una opción y se ha convertido en el siguiente paso natural hacia una cadena de proteína animal más transparente, eficiente y preparada para los retos globales.

Publicado

10 junio 2026

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