Un producto de nutrición médica solo puede aportar beneficios significativos para la salud si el paciente realmente lo consume.
Para millones de personas que dependen de soluciones de nutrición médica para controlar sus problemas de salud o hacer frente al deterioro asociado a la edad, el mal sabor y la mala experiencia sensorial no son simples inconvenientes. Son la diferencia entre un producto que el consumidor quiere disfrutar cada día y otro que se queda sin usar.
Cansancio de sabores. Texturas calcáreas. Regustos amargos. Notas extrañas procedentes de matrices con alto contenido en proteínas o muy ricas en nutrientes. Estas son las realidades sensoriales que merman la adherencia al tratamiento, comprometen los resultados de salud y limitan el potencial comercial de productos que, por lo demás, están bien formulados.
El reto es real, y empieza ya en la formulación. Por eso, resolverlo requiere algo más que un cambio de sabor de última hora.